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Percepción del maltrato por las personas mayores

El análisis de la perspectiva del maltrato a personas mayores lo aportan los/as teóricos y los/as legisladores, pero... ¿qué opinan al respecto las propias personas mayores?

Algunas claves nos las avanza el documental Me llamo Carmen producido por Cáritas que presentamos en la siguiente actividad, centrado en el ámbito residencial pero que podría hacerse extensible a todos ellos.

Actos de los que se quejan las personas mayores.

Efectivamente, las personas mayores no centran tanto su atención en las acciones que pueden considerarse delito (que conciben como francamente infrecuentes y sólo comprensibles en un entorno ciertamente desestructurado y como continuación de una situación previa) como en lo que podría denominarse como "mal-trato" o trato inadecuado, que estiman como una situación más habitual de lo que aparenta y califican como "invisible" para quien no lo sufre y difícil de transmitir por quien lo padece, pues, por un lado, está socialmente deslegitimado/a para quejarse de lo que "graciosamente" recibe, y, por otro, se ve atado/a por un pudor que le impide confesarlo. Y afirman que este mal-trato se produce tanto en el ámbito familiar como en el institucional y social.

Esa es la conclusión a la que llega el único estudio que se ha efectuado en España sobre la percepción de las personas de edad respecto a los malos tratos a los/as mayores, un estudio (Vejez, negligencia, abuso y maltrato - La perspectiva de los mayores y de los profesionales, que tienes a tu disposición en la sección de Recursos de la unidad) realizado por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología - SEGG y el Instituto de Migraciones y Servicios Sociales (actualmente "Mayores y Servicios Sociales") - IMSERSO en el año 2004 entre personas de 65 a 75 años, que vivían fuera de instituciones, física y económicamente autosuficientes, y que no estaban expuestas, en principio, al maltrato.

El estudio se centró en personas de estas características debido a que lo que perseguía era comprender cuáles eran sus expectativas de una buena vejez y qué factores consideraban determinantes para que ésta se diera o no, conocer qué situaciones o comportamientos valoraban como inaceptables por ir en detrimento de la posibilidad de disfrutar de esa calidad de vida esperable, averiguar qué sentido atribuían a esos comportamientos considerados inadecuados, y determinar aquello que identificaban como medios aceptables para prevenirlos o paliarlos, así como a los actores sociales a los que atribuían responsabilidades a este respecto.
Este estudio partió de la idea de otro similar llevado a cabo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la INPEA en ocho países (Argentina, Austria, Brasil, Canadá, India, Kenia, Líbano y Suecia): Voces ausentes. Opiniones de personas mayores sobre abuso y maltrato al mayor.

 

El "mal-trato" que denuncia el colectivo de personas mayores se inscribe, para ellos y ellas, en un escenario configurado por dos factores clave que lo determinan:

La “cosificaciónTrato dado a una persona como si fuera una cosa, no comportándonos con respecto a ella conforme a la dignidad que merece.” (en el estudio, “objetualización”) y/o estigmatización de la persona mayor en la representación socialSegún Moscovici (psicólogo social francés), conjunto de conceptos, afirmaciones y explicaciones originadas por la experiencia cotidiana en el curso de nuestras relaciones interpersonales, que condiciona nuestras actitudes. de los/as jóvenes. 

Las personas mayores creen que el mal trato a las personas de edad se explica por esa imagen social que les caracteriza como sujetos pasivos, improductivos y socialmente terminales. "Etiquetados/as" como una carga en el corto/medio plazo, estarían en deuda por cada cosa que reciben, como si estuvieran viviendo de más a costa de una sociedad a la que ya no pueden aportar nada y de la que demandan mucho.

Un contexto social que induce al mal trato.

Las condiciones sociales actuales, caracterizadas por la salida de la mujer al mercado laboral con su consiguiente desaparición como figura cuidadora en el entorno familiar y la falta o escasez de recursos de apoyo externo, configuran, en su opinión, un entorno adverso en el que los individuos y sus familias, desbordados, tienen muchos más incentivos para hacer dejación de sus responsabilidades que para asumirlas con normalidad.

Y declaran que el mal-trato se presenta en diferentes formatos que el estudio agrupa en dos grandes categorías: la referida a las situaciones que se producen en la esfera privada, y el que podría denominarse “mal-trato institucional” o en el ámbito público.

Maltrato en la esfera privada 

A este nivel distinguen una serie de situaciones constitutivas de trato inadecuado que, de menor a mayor gravedad serían:

Explotación como mano de obra gratuita

La persona mayor se integra en el núcleo familiar aportando una capacidad de trabajo en las tareas del hogar o el cuidado de niños/as que sobrepasa sus capacidades físicas y le obliga a renunciar a su propio bienestar, realizando un esfuerzo considerable que con frecuencia acaba haciéndose inasumible. (Algo que se encontraría relacionado con el síndrome de la abuela esclava, aunque en este caso, específicamente, integrándose la persona mayor en el núcleo familiar)

Es una situación que las personas mayores juzgan como explicable, pero no por ello justificable o menos censurable.

Destitución familiar

Se trataría de una actitud representada por la expresión “soportar al viejo/a”, y se manifestaría mediante conductas que van desde negarle sistemáticamente la visualización de los programas televisivos de su agrado a favor de las preferencias de cualquier otro miembro de la familia, hasta ignorarle como si fuera invisible, sin dirigirle la palabra salvo para cuestiones operativas (lo que se denomina “tratamiento de silencio”).

El caso más extremo sería obligar a la persona mayor a pasar largos períodos sola fuera de la casa con la excusa de que tiene que pasear, negándole la entrada antes de una hora determinada.

Desarraigo

Que describen como cualquier escenario en el que la persona mayor se ve inducida, en contra de su voluntad, a dejar lo que considera su hogar, siendo característica de esta forma de “mal-trato” la rotación obligada por los domicilios de los hijos o hijas, una situación que, por más que entiendan, les transmite la sensación de ser un estorbo y que los/as teóricos han etiquetado con el nombre de "abuelos/as golondrina".

Pero también inscriben dentro de esta categoría el caso de la persona mayor que, no habiendo perdido sus facultades cognitivas, es obligada a ingresar en una residencia, ya sea mediante presiones morales o engaños, o por situaciones como las de algunas mujeres que, al quedarse viudas, no pueden costear el coste del alquiler de sus viviendas y se ven obligadas a abandonarlas. (Según datos del INE, en 2014 -que es el último año del que se tienen datos-, la pensión por viudedad media era de 626,20 € al mes)

Explotación económica de los afectos

Denominan así a hacer creer a un/a mayor que se le quiere o aprecia para convencerle de que ponga sus recursos económicos (pensión, ahorros o bienes inmuebles) a disposición del familiar que se ofrece como cuidador/a, y ejemplifican esta situación con casos como:

  • el “secuestro” de la pensión de la persona mayor con la que se convive, aunque sea periódicamente, con el argumento de que se le da todo lo que pueda necesitar;
  • la persuasión a la persona mayor, generalmente sola, para que venda su casa, entregue el dinero y se mude con la familia, procediendo tras un tiempo mínimo de convivencia a enviarle a una residencia sin posibilidad de negativa, ya que no tiene a dónde acudir. 
Abandono

Refiriéndose a las situaciones en las que una persona mayor que vive sola es abandonada a su suerte sin que sus familiares directos velen por las condiciones en las que vive, ya sea por indiferencia o relaciones abiertamente conflictivas, o por residir lejos, y se limitan los contactos a visitas ocasionales o llamadas telefónicas esporádicas, ya que en estos casos la persona se enfrenta no sólo a la soledad, sino a tareas cotidianas que le resultan muy difíciles de afrontar.

Pero también, a situaciones en que los familiares aprovechan la excusa del ingreso en una residencia para desentenderse de la persona, espaciando o anulando las visitas o las invitaciones a salir del centro y compartir momentos con la familia. 

Y señalan otra causa de mal trato atribuible a la familia, pero que entienden como fuente de sufrimiento tanto para quien lo recibe como (muchas veces) para quien lo da: la falta de capacitación de los/as cuidadores informales.

El principal temor que expresan los y las mayores es a que se produzcan situaciones de abuso de confianza por parte de cuidadores/as remunerados que, en ocasiones, pueden explotar económicamente a la persona a quien cuidan antes de que la familia sea consciente de lo que pasa, o dispensar un trato menos esmerado durante los períodos en que no hay supervisión de los hijos/as, el cual es difícilmente detectado por éstos y éstas.

Maltrato en la esfera pública o institucional  

En este nivel, los y las mayores, centrándose en dos tipos de dispositivos (los sanitarios y los establecimientos sociosanitarios o residencias), identifican tres tipos diferentes de “mal-trato”:

Asistencia sanitaria

Si bien, en general, su valoración de la misma es positiva, se quejan de las largas demoras para someterse a procedimientos diagnósticos o terapéuticos (que no sólo pueden incidir en su salud física, sino en muchos casos también en la emocional, y, especialmente, en su bienestar), y de que hay profesionales médicos que tienden a atribuir a la edad cualquier padecimiento ("edadismoMantenimiento de estereotipos o actitudes prejuiciosas hacia una persona únicamente por el hecho de ser mayor."), tratando de inducirles a la resignación ante achaques que ellos/as consideran solucionables y que merman su calidad de vida.

Déficit de dispositivos sanitarios específicos

Un argumento reiterado por las personas mayores (y no sólo en este estudio) es que, de la misma forma que existen pediatras, en los centros de salud deberían existir geriatras, especialmente por la dificultad de acceso a recursos sanitarios especializados en el manejo de personas mayores (que estiman como una forma de mal trato provocada por la insuficiente importancia concedida al bienestar del anciano/a por las administraciones públicas), y la tendencia a la sobrecarga de las personas mayores con tratamientos farmacológicos, con sus correspondientes interacciones y dificultad de manejo.

Instituciones totales

Para las personas mayores, hay un tipo de residencias que asimilan más a un centro penitenciario que a uno residencial: aquéllas articuladas en torno al cumplimiento de la norma y la eliminación de la identidad de los/as residentes para conseguir una uniformización considerada “necesaria”. Y en este sentido, aluden a las dificultades planteadas para poder llevar consigo sus propias cosas, negándoseles la posibilidad de personalizar su propio entorno, pero sobre todo, se indignan ante la existencia de residencias en las que los/as residentes pasan todo el día en pijama y en su habitación (preferentemente en la cama), salvo cuando reciben visitas, o en las que el horario es férreo tanto en la organización de las actividades del centro como en los tiempos de salida de los/as residentes.

Reflexión

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Determinadas personas (como los autores de Malos tratos a las personas mayores: Guía de actuación, del IMSERSO) consideran que no todo malestar producido a la persona mayor por los cuidadores/as, profesionales o familiares debe ser identificado como malos tratos. ¿Estás de acuerdo con ellas? ¿Qué opinas sobre las situaciones que las personas mayores perciben como mal-trato? ¿Conoces alguna otra situación que pudiera añadirse a estos apartados? Comparte tus experiencias y reflexiones con tus compañeros y compañeras en el foro correspondiente de la unidad.