Clasificación de las masas forestales
Como hemos visto anteriormente, el sujeto de la selvicultura no es el individuo vegetal aislado (arboricultura), sino el conjunto de los individuos, que reciben el nombre de agrupaciones o masas forestales.
Dentro de la agrupación o masa forestal, cada individuo o pie influye y se interrelaciona con los demás y a su vez, recibe influencias del conjunto.
Lo que en Ecología se conoce como biotopo, en selvicultura se conoce como estación (suelo), que junto a la masa (vuelo), forma el ecosistema forestal. Por ello, se entiende que la masa es una biocenosis vegetal de gran complejidad y que para correcto manejo hay que estudiarlo y describirlo con un doble enfoque:
De forma que quede expresada la situación en un momento dado.
De manera que se pueda conocer de ella su trayectoria pasada, su tendencia evolutiva natural y sus mecanismos funcionales.
Se entiende por rodal al espacio de superficie variable, pero con características constantes de masa (composición, edad, estructura...) y estación. Constituye la superficie elemental de descripción y trabajo. Al conjunto de rodales es lo que denominamos masa forestal o monte.
Cuando es < 0,5 ha y presenta > 10 pies.
La clasificación de las masas es un elemento fundamental para la correcta gestión y administración de los recursos forestales. Se pueden clasificar en función de diferentes criterios que se definen a continuación.
El entendimiento de estas clasificaciones y sus interrelaciones es crucial para el desarrollo de planes de manejo forestal sostenibles, que son fundamentales para preservar la salud de estos ecosistemas frente a amenazas como el cambio climático y la explotación insostenible de recursos.
Formas fundamentales de masa
La forma fundamental de la masa es la forma de obtener su regeneración. Según el origen de los pies, podemos definir:
Proceden de semilla (brizal).
Monte alto de pino silvestre:
Proceden de brote de cepa o raíz (chirpial).
Monte bajo de rebollo:
Combinación de las dos anteriores, piso superior procedente de semilla y piso inferior procedente de brote de raíz o cepa.
Hay que tener en cuenta las especies con alta capacidad de rebrote a la hora de planificar los tratamientos ya que estas pueden verse estimuladas y ser contraproducentes al objetivo inicial del tratamiento.
En la siguiente imagen se observa cómo el pie de pino canario, una vez cortado, es capaz de rebrotar en menos de 1 año tras el tratamiento.
Clasificación según su composición específica
Con referencia a las especies que la componen, es decir, su composición específica. También puede referirse a las asociaciones vegetales. De esta forma podemos diferenciar dos tipos de masas o asociaciones:
monoespecíficas u homogéneas
Formadas por una sola especie o que representa más del 90%.
Ventajas de las masas puras:
- Si el valor de los productos proporcionados por la especie principal es alto, favorecer su presencia presenta una ventaja económica.
- Al ser una masa menos diversa, el estudio de su evolución y tratamiento silvícola es más simple.
Inconvenientes de las masas puras:
- Mayor sensibilidad frente a daños bióticos y otras perturbaciones, ya que si la especie dominante no está adaptada a las nuevas condiciones, su regeneración natural se verá afectada.
pluriespecíficas o heterogéneas
Formadas por dos o más especies en porcentajes variables.
Ventajas de las masas mixtas:
- Al ser más variados, son más estables frente a perturbaciones.
- Desde el punto de vista económico, ofertan mayor diversidad de productos.
Inconvenientes de las masas mixtas:
- Al presentar menor densidad de individuos para cada especie, se reduce la productividad.
- Mayor complejidad en el tratamiento, con mayor riesgo de fracaso y coste.
La composición de especies en un bosque influye directamente en su biodiversidad, estructura y funcionalidad. Esta clasificación, basada en las especies predominantes, proporciona una comprensión esencial de las dinámicas ecológicas y las interacciones entre los diferentes componentes del ecosistema.
Clasificación según su estado de conservación o interacción humana
Se trata de una masa natural, virgen, jamás explotada, intervenida ni alterada significativamente por el ser humano.
Se puede observar una biodiversidad notablemente rica y compleja, con especies adaptadas a las condiciones específicas de ese ecosistema intacto y de regeneración natural. Desde el punto de vista de la selvicultura, estas masas no tendrán intervención porque de ellas no hay ninguna demanda social que satisfacer. Sin embargo, su interés científico y ecológico deberá ser asegurado mediante tratamientos de protección y conservación.
Por ejemplo, en la selva amazónica, que todavía alberga extensas áreas de bosques primarios, se encuentran especies endémicas que dependen de este entorno prístino. Estos bosques juegan un papel crucial en el mantenimiento de los ciclos del agua y del carbono a nivel global.
Se trata de una masa artificial, que haya tenido, tenga o vaya a tener un tratamiento para satisfacer una necesidad social.
Se forman de manera natural tras la intervención humana que ha alterado el bosque original. Son esenciales en la recuperación de la biodiversidad local, pudiendo favorecer la regeneración del entorno después de eventos perturbadores, como la agricultura itinerante o la tala selectiva.
Un ejemplo notable de bosque secundario es el presente en algunas regiones de América Central, donde la regeneración sucede rápidamente debido a las condiciones climáticas favorables. Aquí, la flora y fauna van recolonizando el área, iniciando con especies pioneras que se adaptan rápidamente a su nuevo hábitat.
Clasificación según su distribución geográfica
La distribución geográfica de las masas es un factor crucial que define su estructura, composición vegetal y funciones ecológicas. Entender cómo los bosques se adecúan a las diferentes latitudes y condiciones climáticas nos permite optimizar prácticas de gestión forestal y conservación.
Este criterio se centra en la ubicación del bosque en el planeta, segmentándolos en:
Situados en latitudes altas del hemisferio norte, caracterizados por inviernos largos y fríos y veranos breves. El suelo aquí suele ser acidificado y pobre en nutrientes. Estos bosques desempeñan un papel crucial en el almacenamiento de carbono.
Un ejemplo típico es la Taiga siberiana. Las coníferas dominan, incluyendo especies como el pino silvestre (Pinus sylvestris) y el abeto siberiano (Picea obovata). La fauna está adaptada a las bajas temperaturas, como el oso pardo y el lince boreal.
De los más abundantes. Se encuentran en zonas de clima moderado, como en Europa Occidental o el este de América del Norte, soportando estaciones marcadas. Ubicados en latitudes medias, encontramos regiones extensas en América del Norte, Europa y Asia oriental. Estos ecosistemas son vitales para la biodiversidad y el suministro de recursos madereros y no madereros. La rotación de especies caducifolias y perennes en estos bosques ofrece oportunidades para la explotación sostenible de madera, siempre considerando el impacto en las especies asociadas y sus hábitats.
Un ejemplo más específico sería el bosque templado de la costa del Pacífico, que se extiende desde el sur de Alaska hasta California. Este bosque es conocido por su vegetación exuberante y árboles gigantes como los secoyas (Sequoia sempervirens).
Localizados en regiones ecuatoriales y latitudes cercanas, caracterizados por una extensa biodiversidad y alto índice de precipitaciones. Estos biomas incluyen tanto selvas húmedas, con lluvias abundantes durante todo el año, como selvas secas, que experimentan una estación seca pronunciada. Estos bosques son imprescindibles para el ciclo global de carbono y la regulación climática. La planificación de su gestión debe incluir estrategias de conservación que consideren tanto las presiones locales como las internacionales, asegurando el bienestar de comunidades dependientes y la preservación de especies amenazadas.
La Amazonía es un ejemplo paradigmático de bosque tropical húmedo, hogar de miles de especies vegetales y animales. La arquitectura compleja de estos bosques permite diversos estratos de vida, desde el dosel hasta el sotobosque. Al estar distribuidos en áreas como el Amazonas, el Congo y el sudeste asiático, enfrentan desafíos de conservación debido a la deforestación.
Situados en regiones que experimentan inviernos suaves y veranos calurosos. A menudo albergan una mezcla diversa de especies de plantas. La gestión forestal en estas regiones requiere un equilibrio entre la producción agrícola y la conservación de la biodiversidad, considerando factores como la fragmentación del hábitat y la introducción de especies exóticas.
Un ejemplo se encuentra en los bosques subtropicales de la región del sur de China, donde coexisten numerosas especies de bambú con árboles de hoja perenne. Se extienden desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina y desde la India hasta Australia, poseen características que permiten la coexistencia de una amplia variedad de especies vegetales y animales.
Caracterizados por veranos secos e inviernos húmedos, presentan especies adaptadas a períodos de sequía. Estos bosques son ricos en especies endémicas. La promoción de especies autóctonas y la implementación de barreras naturales contra incendios son prácticas esenciales en estos ecosistemas. El manejo sustentable debe abordar también la erosión del suelo y la pérdida de biodiversidad debido a la presión urbanística.
Ejemplos incluyen los bosques de encinas y alcornoques en la cuenca del Mediterráneo, que han desarrollado estrategias únicas de adaptación al fuego y a suelos pobres en nutrientes. Otros ejemplos son la garriga y la maquis en Europa, o el chaparral en América del Norte. Las especies características son el alcornoque (Quercus suber) y el olivo silvestre (Olea europaea var. sylvestris). En áreas como California, Chile central y el entorno del Mar Mediterráneo, requieren técnicas de manejo que se adapten a las condiciones de sequía y riesgo de incendios.
Clasificación de las principales formas de masa
A continuación, se desarrollan las principales formas de masa forestal.
Dentro de esta clasificación, podemos incluir un tipo intermedio de masa forestal conocido como la masa semirregular. Tiene una organización algo más variable que las regulares, pero todavía presentan cierta regularidad en la distribución de los árboles. Puede haber una diversidad en las edades y tamaños, pero no es tan aleatoria como en las masas irregulares. Pueden tener una mezcla de árboles de diferentes edades o especies, pero el patrón general sigue siendo relativamente ordenado.
Es común encontrar masas con una gestión que busca algo de diversidad estructural, como el fomento de la regeneración natural sin perder demasiado control sobre la distribución de los árboles.