De nada sirve elaborar previsiones si después no se contrasta lo que planificamos con lo que terminó sucediendo en la realidad. La comparación entre previsión y ventas reales es el mecanismo de control que permite corregir desviaciones y afinar las fórmulas de cálculo para los siguientes periodos.
El indicador básico para realizar esta comparación es la desviación, calculada como la diferencia entre la cantidad prevista y la cantidad demandada realmente. Sin embargo, no todas las desviaciones impactan de la misma manera en la gestión. Una desviación por exceso (prever 500 unidades y vender 300) genera un coste por inmovilizado y almacenamiento. Una desviación por defecto (prever 300 unidades y tener una demanda de 500) provoca roturas de stock, pérdidas de ventas y posible insatisfacción del cliente.
Para realizar un seguimiento eficaz entre lo estimado y lo ejecutado, conviene estructurar el análisis en los siguientes pasos:
Si una distribuidora de bebidas planifica vender 10.000 cajas en mayo pero solo vende 6.000 debido a un mes inusualmente frío y lluvioso, la comparación no debe servir para buscar culpables, sino para revisar la regla de reaprovisionamiento para junio y evitar que el exceso de mercancía se arrastre durante todo el verano.
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