Stock de seguridad

La teoría de la gestión de inventarios es maravillosa sobre el papel: los clientes compran siempre lo mismo y los proveedores nunca se retrasan. Pero la realidad de la cadena de suministro es mucho más caótica. Las huelgas de transporte ocurren, los temporales retrasan los barcos en los puertos y, de repente, un vídeo viral puede triplicar la demanda de un artículo en un fin de semana. Para sobrevivir a este caos diario existe el stock de seguridad.

Este tipo de inventario funciona como un colchón amortiguador. No está destinado a cubrir las ventas habituales, sino las anomalías del mercado. Su fórmula de cálculo básica responde a una lógica muy clara, basada en la diferencia de plazos y en el ritmo de consumo habitual:

SS = (P_{max} - P_{normal}) \ D_{media}

Donde SS representa el stock de seguridad, P_{max} es el plazo máximo de entrega que ha registrado el proveedor ante un retraso, P_{normal} es el plazo de entrega habitual en condiciones normales, y D_{media} es la demanda media diaria del producto.

Por ejemplo, si un fabricante de componentes electrónicos suele tardar 5 días en entregarte un pedido, pero en su peor retraso tardó 12 días, y tú vendes unas 15 unidades diarias de ese componente, tu cálculo sería el siguiente:

SS = (12 - 5) = 7 \ 15 = 105 unidades.

Esos 105 componentes adicionales son tu salvavidas ante imprevistos. No obstante, ten cuidado: sobredimensionar este colchón es un error común. Si aseguras en exceso cada artículo, vaciarás la cuenta corriente de la empresa para llenar estanterías de productos que rara vez se van a mover. El truco está en equilibrar el coste de mantener ese colchón frente al impacto económico que supondría no poder atender a un cliente.