La lengua de signos no es una versión simplificada del lenguaje hablado. La LSE es una lengua compleja, con una gramática completa y reglas propias que, en muchos casos, hacen que sea más difícil de aprender para quienes están acostumbrados al español hablado.
*LOE: Lengua oral española; LSE: Lengua de signos española.
Uno de los errores más comunes es asumir que la lengua de signos sigue la misma estructura gramatical que el español oral. Esto es incorrecto. La estructura gramatical de la LSE difiere de forma significativa de la que usamos en el español escrito y hablado. En la LSE, la manera en que se organizan las palabras, o más bien, los signos, responde a una lógica propia que es visual en lugar de auditiva.
El orden de las palabras no coincide con el de los signos a la hora de formar oraciones. Además, el orden de formar oraciones es sujeto-objeto-verbo a diferencia de la lengua oral española:
Otra diferencia notable entre la LSE y el español oral es que en la lengua de signos no existen los verbos "ser" y "estar". Esto puede parecer sorprendente para quienes están acostumbrados a estos verbos como piezas clave en la comunicación en español, pero en la LSE, simplemente no son necesarios. La información que en la lengua oral se expresa a través de estos verbos, se comunica mediante el contexto o el uso de otros signos en la lengua de señas.
El contexto y la expresión facial y corporal juegan un papel determinante para transmitir estos significados sin necesidad de incluir dichos verbos.
Cuando hablamos en español, es habitual que los marcadores temporales, como "ayer" o "mañana", se incluyan hacia el final o el inicio de la oración, dependiendo del contexto. En la lengua de signos española, sin embargo, el tiempo se menciona al principio de la oración, casi como si fuera un indicador necesario antes de pasar al mensaje principal.
Esta estructura permite una comunicación clara y directa que facilita la comprensión del marco temporal desde el comienzo.
Otra peculiaridad gramatical de la LSE es la posición de los adjetivos. Mientras que en español hablado podríamos colocar los adjetivos antes del sustantivo (como en "un bonito coche"), en la LSE los adjetivos van detrás del sujeto o del sustantivo al que califican. Este cambio puede parecer sutil, pero marca una diferencia importante en la forma en que se perciben las oraciones y los mensajes visuales.
Siguiendo con las diferencias estructurales, en la LSE, los adverbios ocupan el último lugar en las oraciones. A diferencia del español oral, donde los adverbios pueden aparecer en varias posiciones dentro de la oración, en la lengua de signos española se tiende a colocarlos al final complementando el significado del verbo al que acompañan.
Este patrón tiene como objetivo organizar la información de manera que lo primero que se perciba sea lo más importante (el sujeto o la acción) y luego se añadan los detalles adicionales.
Uno de los aspectos que más sorprende a los nuevos estudiantes de la LSE es que no existen los artículos definidos o indefinidos ("el", "la", "un", "una"). En la lengua de signos, simplemente no se consideran necesarios para transmitir el mensaje, y su omisión no afecta a la comprensión de la oración.
Este es un ejemplo claro de cómo la LSE se optimiza para la comunicación visual, eliminando elementos que en la lengua oral pueden ser redundantes cuando se transmite un mensaje mediante signos y expresiones corporales.
Esta píldora formativa está extraída del Curso online de Lengua de signos española avanzado.
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