Decálogo del autocuidado
En el desempeño de labores de cuidado, es crucial reconocer que las personas cuidadoras también poseen necesidades de ayuda. Con frecuencia dedican la mayor parte de su energía y tiempo a cuidar de otros, descuidando su propio bienestar.
Como hemos visto en el apartado anterior, el riesgo de burnout es muy alto en los profesionales de la atención sanitaria, por eso, es fundamental identificar y abordar de forma proactiva las necesidades de las personas cuidadoras para proporcionarles los recursos y el apoyo adecuados.
Las necesidades pueden variar en función del contexto del cuidado y del perfil del cuidador, pero tienen elementos comunes que incluyen aspectos físicos, emocionales y sociales.
A nivel individual las personas cuidadoras pueden desarrollar estrategias de autocuidado en el momento que detectan los primeros síntomas de estrés. Por otro lado, las empresas e instituciones deben planificar programas preventivos sobre el burnout que repercute no solo en el bienestar de los trabajadores. A escala social, los costes del síndrome de burnout son notables en términos de absentismo laboral, disminución de la productividad y gastos de atención sanitaria.
Tomar medidas a tiempo, repercute no solo en el bienestar de la persona cuidadora, sino que también se potencia su capacidad para proveer un cuidado más efectivo y sostenido a las personas dependientes que atienden.
A continuación, encontráis un Decálogo de Autocuidado que puede resultarnos muy útil en nuestro trabajo diario.
No es posible permanecer con entereza y presente en todo momento. Somos personas limitadas y con necesidades vitales ajenas al cuidado.
A veces, debemos decir NO a demandas del entorno que sobrepasan nuestras posibilidades y ponen en riesgo nuestro equilibrio y bienestar. Poner límites no es desatender, es prevenir situaciones estresantes que pueden perjudicar a largo plazo el cuidado.
Fomentar la autonomía de la persona dependiente provoca sentimientos agradables y motivación en ella, lo que repercute en la relación con nosotros y en el bienestar de ambos.
Es importante facilitarle el apoyo que necesita para que sea lo más independiente posible, dándole la oportunidad de ejercitar las habilidades conservadas. También, es positivo proponer actividades agradables que le permitan disfrutar de su vida cotidiana.
Es importante estar informado sobre la evolución de la dependencia en la persona que cuidamos. ya que nos permite tomar las decisiones oportunas, dosificar los esfuerzos y administrar los recursos.
Cerrar los ojos y no querer saber la evolución solo intensifica nuestro malestar, incertidumbre, cansancio y desánimo y no nos prepara para posibles cambios repentinos que puedan sobrevenir, ni planificar el futuro.
Podemos sentir que no tenemos tiempo para estar en contacto con amigos, pero no debemos aislarnos. El aislamiento incrementa la percepción de estrés, los pensamientos negativos y reduce la actividad física.
Las actividades que nos hacen sentir bien (amigos, deporte, leer, etc.) nos mantienen conectados y con energía. Si no podemos realizarlas con igual frecuencia, al menos, mantener el compromiso de no abandonarlas.
Si importante es mantener las pequeñas actividades que nos motivan, más aún son las vacaciones. Los descansos más prolongados nos permiten tomar distancia emocional y reducir el estrés. Encontrar nuestro momento es vital para reencontrarnos.
No debemos sentir culpa por desear y disfrutar estos momentos. Seguramente los hemos previsto y habremos tomado decisiones para que los cuidados se mantengan.
El sentido del humor nos permite tomar distancia y relativizar el estrés. Es una fortaleza humana a entrenar. Implica no caer en victimismo, desterrar pensamientos negativos, dejar de lamentarnos y actuar.
Tomar las cosas con humor aporta beneficios: permite tener una actitud positiva ante el estrés, favorece las relaciones, disminuye los conflictos, se desdramatizan las dificultades y se encuentran más soluciones.
Es habitual que en los cuidados aparezcan emociones que nos crean malestar como la tristeza, frustración, culpabilidad, apatía. impotencia, etc. Es importante aprender a identificar y aceptar estas emociones de forma natural y sin juicios. No por sentir eso, somos malas personas.
Compartir posteriormente, en espacios seguros lo que sentimos con familiares, amigos y/o profesionales es una buena señal de nuestra salud mental y a la vez hacemos conexiones y evitamos el aislamiento.
Es importante que solicitemos ayuda directa y explícitamente. Esperar que otros se den cuenta de nuestro malestar solo puede aumentarlo si no recibimos la respuesta esperada. Así mismo, es necesario aceptar la colaboración que nos ofrecen. Tendemos a rechazarla porque pensamos que es debilidad o porque no nos gusta cómo realiza realiza los cuidados, la otra persona. Una forma diferente de actuar no implica que sea peor y nos permite un tiempo de respiro que evitará un estrés innecesario.
En los cuidados mostramos cansancio, irritabilidad e incluso, agresividad. Son conductas normales y no deberíamos castigarnos, pero solemos criticarnos por esas acciones o pensamientos. Lo que conseguimos es aumentar el malestar pero no solucionar lo ocurrido.
Darnos la oportunidad de reflexionar, hablarnos con amabilidad y sentir compasión por nosotros es una forma de afecto para aliviar el sufrimiento.
Perdonar puede ser una de las cosas más complicadas de nuestra vida. A menudo lo hacemos con la intención de quitarle importancia a lo sucedido, pero para poder pasar página necesitamos perdonar. Perdonar a los demás y a nosotros mismos.
Tomarnos el tiempo necesario para aceptar el perdón es importante. Lo que nos ha llevado a este momento son situaciones pasadas que necesitamos subsanar para seguir adelante. Nos ayuda a mejorar la relación con nosotros y con las demás personas.
"La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan
eficaz como unas palabras bondadosas" .
Sigmund Freud