La gestión de las emociones comunes en personas cuidadoras

La principal estrategia para la gestión de las emociones, además de potenciar diariamente las competencias emocionales vistas anteriormente, consiste en entrenar las emociones positivas enunciadas por Bárbara Fredrickson que favorecen nuestro bienestar.

En la infografía siguiente podéis tener algunas pistas de cómo trabajarlas.

Potenciar nuestras competencias emocionales y las emociones que nos generan consecuencias agradables nos va a permitir gestionar mejor las situaciones estresantes y las emociones que nos provocan malestar.

Aún así, a continuación se ofrecen algunos consejos para responder a estas situaciones y emociones que se dan en los cuidados a personas dependientes:

El enfado puede ser provocado por:

  • La situación que tienes que vivir
  • La conducta de la persona dependiente o sus familiares
  • La falta de colaboración de otras personas
  • La falta de recursos, etc.

Algunas estrategias pueden ser:

  • Reconocer los sentimientos de rabia antes de que se hagan incontrolables.
  • Verbalizar estos sentimientos.
  • Encontrar posibles vías que reduzcan la intensidad.
  • Mayoría de los casos la rabia va dirigida a lo que implica la enfermedad o la propia situación.
  • Pedir ayuda cuando sentimos que perdemos el control.

La culpa puede ser provocada por:

  • Desear que la persona deje de sufrir o que la situación llegue a su fin.
  • Pensar que no atiendes todas las necesidades de la persona o que no te esfuerzas lo suficiente.
  • Manifestar malestar o discusiones con familiares o compañeros.
  • Descuidar otras obligaciones.
  • Pensar que actuamos contra la voluntad de la persona.
  • Tener que tomar decisiones decisivas sobre la vida de la persona dependiente, etc.

Algunas estrategias pueden ser:

  • Aceptar lo que sentimos por muy absurda que pueda parecer la razón.
  • Expresar estos sentimientos con personas de confianza. La simple expresión es un alivio.
  • Buscar las posibles causas por las que nos sentimos de esa manera.
  • Reconocer nuestros límites
  • Danos cuenta de la importancia que tiene nuestro propio cuidado y no culparnos.

La preocupación puede ser provocada por:

  • Temor a no cuidar bien.
  • Miedo a tomar decisiones equivocadas
  • Pensar sobre los cambios que pueden llegar
  • Pensamientos sobre lo que siente la persona dependiente
  • Incertidumbre sobre tener los recursos necesarios para hacer frente a la situación, etc.

Algunas estrategias pueden ser:

  • Ser consciente de lo que preocupa.
  • Pensar en el problema si es real, si tiene solución, qué medidas podemos tomar, etc.
  • Comunicarlo a otras personas que nos puedan prestar ayuda.
  • Actuar.

La tristeza puede ser provocada por:

  • Deterioro de la persona dependiente.
  • Pérdida de apoyo otras personas o recursos.
  • Conflictos con familiares
  • Cansancio y agotamiento
  • Aislamiento social, etc.

Algunas estrategias pueden ser:

  • Identificar las situaciones y los momentos que nos provocan tristeza
  • Realizar actividades que nos resulten gratificantes
  • Ser consciente de nuestros límites.
  • Evitar sobrecargarnos, realizando más de lo que podemos
  • Buscar el contacto social y la comunicación con otras personas.
  • Trabajar el sentido del humor.
  • Pedir ayuda a un profesional, si no podemos gestionar.

La autocompasión puede ser provocada por:

  • Sentir que no controlamos nuestra vida y que nos manejan.
  • Sentirnos inútiles y débiles.
  • No saber salir de esta situación.
  • Pensar que no puedes más, etc.

Algunas estrategias pueden ser:

  • Pensar en otros momentos difíciles en los que hemos sabido salir adelante.
  • Utilizar un lengua más positivo y eliminar expresiones como "no puedo", "siempre", "no lo superaré", etc.
  • Parar los pensamientos negativos.
  • Ser consciente que la situación no va a durar siempre.
  • Hablar con otras personas que nos puedan dar otro punto de vista.
  • Buscar soluciones.

El aislamiento puede estar provocado por:

  • La culpa por desear disfrutar de actividades sociales y de los amigos y estar desatendiendo las responsabilidades de cuidado.
  • No querer ser una molestia para otros por nuestro estado de ánimo
  • No poder disfrutar del momento que estamos con amigos o haciendo actividades que antes nos agradaban.
  • Sentir que los demás no nos van a comprender, etc.

Algunas estrategias pueden ser:

  • Adaptar y planificar los cuidados y los tiempo para tener momentos para nosotros.
  • Aprovechar los recursos que nos ofrecen para tener tiempo libre y descansar.
  • Quedar con las personas que nos resultan más agradables y nos ayudan a sentirnos mejor.
  • Obligarse a tener contactos sociales aunque sintamos que no nos apetece.

El Mindfulness y la meditación son herramientas muy interesante para identificar las emociones, tomar consciencia de ellas, aceptarlas sin juicios, y en definitiva, vivirlas con bienestar.