La investigación científica sobre la violencia interpersonal en la infancia y adolescencia cuenta con más de 40 años de experiencia y ha dejado evidencias no solo de su importante presencia en la red de iguales sino también del impacto negativo que ejerce en los estudiantes implicados, sus familias, centros educativos y, en definitiva, en las sociedades en las que se instaura.

Los primeros trabajos fueron realizados en los años 70 por Olweus (1978).

La evolución de la sociedad

Con la universalización de la educación para toda la ciudadanía, los casos de bullying se han incrementado. Cuando la educación era para unos pocos, aquellos que lo padecían abandonaban la escuela o convencían a su familia de que no querían estudiar. Hoy esto no es posible. La escolarización es obligatoria en casi todos los países hasta cierta edad, que puede variar de 14 a 16 años, y con una tendencia a que los estudios se prolonguen como mínimo hasta los 16, 18 o 20 años.

El momento al que tenemos que prestar más atención en relación con el bullying está en torno a la adolescencia. Es entre los 10 y los 16 años cuando se dan más casos de bullying. Y, a su vez, entre los 13 y los 15 años es cuando el número de casos es mayor (Ovejero, 2013). También esto coincide con el descubrimiento del mundo por parte de los niños y niñas, notar en sus cuerpos muchos cambios, observarlos en otros, empezar a verse a sí mismos y al mundo de un modo distinto, tener que ir tomando decisiones, ir elaborando su identidad y autonomía. Es una época de avances, crisis, descubrimientos... Para la mayoría el proceso va a ser positivo, madurativo, gratificante, etc., pero algunos y algunas tendrán que lidiar con distintos problemas; y el bullying puede ser uno de ellos. 

Hace tiempo, las personas adultas creían de una forma generalizada que la violencia entre iguales era normal en el desarrollo de niños y niñas, así como adolescentes. Los comentarios y frases habituales podían ser del siguiente estilo:

1

Cuando yo era un chaval también nos pegábamos, eso se ha dado siempre, es una cosa normal de toda la vida.

2

No hay que exagerar ni darle más importancia que a otras cosas de chavales.

3

Siempre hay en clase un matón que da y un debilucho que recibe, en mis tiempos también se daba esta situación.

4

En todas las clases suele haber alguien que es el saco de los palos.

5

Así se va aprendiendo lo que es la vida real.

6

Hay que aprender a defenderse.

7

Si te dan tienes que dar más fuerte.

8

La vida es así.

9

Nosotros también hemos pasado por eso y así hemos madurado.

La respuesta frecuente y evasiva de padres y madres de agresores y agresoras solía ser "Es cosa de niños", e incluso pensando que es mejor dar que recibir o que su hijo o hija es fuerte y sabe defenderse.

Además, llega un momento en el que el alumnado ve con normalidad el acoso hacia otro compañero u otra compañera, como si fuera un juego más o una conducta particular entre chicos o chicas en la que las personas adultas no interfieren. Tal es así que la violencia entre iguales se percibía como algo normal, hasta el día en el que tristemente saltan las alarmas por sucesos dramáticos.

Hoy en día, las sociedades han progresado mucho percatándose de la importancia de este tipo de problemas sociales e individuales, y se invierten recursos en investigaciones para poder abordarlos e intervenir para prevenir y buscar soluciones.

Lo cierto es que el interés y la preocupación social por lo que sucede con los menores en los centros educativos va en aumento.

La concienciación de la sociedad sobre la importancia de los derechos humanos y la relevancia que tienen las agresiones escolares en los medios de comunicación, sobre todo a raíz de hechos graves como los suicidios a consecuencia de sufrir acoso por parte de compañeros o compañeras, obligan a intervenir, tanto en la prevención como cortando las situaciones de acoso escolar o bullying y reparando los daños sufridos por las personas implicadas.

Tipos de conductas agresivas

Tipos de conductas agresivas

Las conductas se vuelven más complejas durante la adolescencia, no solo como consecuencia de las nuevas tareas evolutivas que chicos y chicas deben acometer durante estos años, como la exploración de la sexualidad, la construcción de la identidad y el inicio de las relaciones de pareja, sino por el aumento del tiempo y las actividades que jóvenes despliegan a través de los dispositivos digitales.

Y es que, como veremos en esta unidad, la violencia entre iguales ha superado las barreras físicas de los centros escolares a través del uso generalizado de Internet y las redes sociales virtuales.

Las conductas agresivas se pueden categorizar en función de distintos criterios: tipo de acción, finalidad de la conducta, etc.

Secuencia del acoso escolar

Es importante destacar la naturaleza contextual, pues para entender las conductas de acoso entre escolares es necesario analizar las relaciones que se establecen en un momento determinado entre los que participan de la situación y los distintos contextos que rodean estos comportamientos.

El acoso escolar sigue habitualmente una secuencia típica de cinco fases,

¡Veámoslas!

1

Incidentes críticos.

2

Acoso y estigmatización del niño o de la niña.

3

Latencia y generación del daño psicológico.

4

Manifestaciones somáticas y psicológicas graves.

5

Expulsión o autoexclusión de la víctima.

El bullying como realidad y su construcción social

Cada sociedad da peso a unos aspectos de la misma y se olvida o deja de lado otros.

Creo que los adultos no somos capaces de valorar la angustia insondable de un niño que es acosado de manera continuada, que es vejado, ridiculizado, machacado. Que no sabe qué hacer, que pide perdón, que busca ayuda entre los iguales, pero no la recibe. Que duda en decírselo a los profesores o a sus padres, pues teme que la situación empeore, que sea designado como un chivato, como un impotente, y que tenga aún que sufrir más. (Urra, 2018).

Es lo que conocemos como construcción social de la realidad (Berger y Luckman, 1968). Y esto se hace con lo que conocemos como atención selectiva. En esta, nos fijamos en lo que creemos que debemos fijarnos y no vemos, o nos es muy difícil ver, aquello que no consideramos relevante. Según lo que decidamos mentalmente buscar así lo buscaremos, aunque el ambiente, lo que tenemos delante, nos suele hacer ver lo que tenemos que ver. Pero cuando no es muy evidente lo hay que ver, sobre todo en sociedades tan complejas como la nuestra, puede ocurrir que lo que tenemos delante lo veamos de otro modo (por ejemplo, se achacan muchos problemas de la juventud a la adolescencia, cuando unos son debidos a esa fase vital y otros a motivos distintos, como puede ser el bullying, una mala situación familiar, etc.).

Fuera, en los países nórdicos, no hace más de unas pocas décadas, y por la gran relevancia que allí se da a la educación, se empezaron a dar cuenta de que el bullying en la escuela era un problema muy importante. Poco a poco este problema, que antes era invisible, fue cobrando importancia, no sin dificultades, hasta llegar a la situación actual.

Hoy nadie duda de que su relevancia, como se ha asumido en la mayoría de los países desarrollados. Aún así, todavía se sigue polemizando sobre su prevalencia, a cuántas personas afecta, la gravedad de sus consecuencias, qué podemos hacer y las secuelas que produce a corto, medio y largo plazo.

Esta construcción social de la realidad a veces también es útil. Así, gracias a los avances en los últimos dos, hoy podemos afirmar, y por desgracia comprobar, que el bullying existe, que está presente en nuestras escuelas, y que debemos enfrentarnos al mismo y erradicarlo en la medida que podamos.

 

Esta píldora formativa está extraída del Curso online de Educación en igualdad y afrontamiento del acoso escolar: bullying y ciberbullying.

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