El acompañamiento en duelo debe partir del reconocimiento de que todas las personas, con independencia del tipo de discapacidad, viven y elaboran las pérdidas, aunque puedan necesitar apoyos diferentes para comprender, expresar y sostener el proceso.
Duelo ante el fallecimiento de familiares
- Explorar y acordar, junto a la persona y, si procede, con la familia o apoyos cercanos, cómo será el proceso de despedida, ofreciendo información clara y accesible sobre lo que va a ocurrir (rituales, cambios en rutinas, reorganización familiar, seguridad emocional).
- Asesorar sobre la participación en rituales de despedida, subrayando el valor de poder estar presente como una persona más, siempre respetando deseos, creencias y límites personales.
- Garantizar accesibilidad a los rituales según el tipo de discapacidad:
- Discapacidad física: accesibilidad arquitectónica, tiempos adecuados, apoyos técnicos.
- Discapacidad sensorial: interpretación en lengua de signos, apoyos visuales, explicaciones verbales claras, descripciones del entorno.
- Discapacidad psicosocial: anticipación, espacios de regulación emocional, posibilidad de retirada temporal.
- Cuando no sea posible o deseado participar, proponer despedidas simbólicas alternativas, como visitas posteriores al cementerio, encuentros familiares, espacios de recuerdo en el hogar, en el centro o en la comunidad.
- Facilitar múltiples formas de expresión del duelo, adaptadas a las capacidades y preferencias: escritura, música, movimiento, creación artística, uso de tecnologías, comunicación aumentativa o alternativa.
- Favorecer una revisión vital del vínculo con la persona fallecida, integrando recuerdos, aprendizajes y significados compartidos.
- Realizar seguimiento posterior, teniendo en cuenta que las reacciones pueden aparecer de forma diferida o reactivarse en fechas significativas.
Duelo ante el fallecimiento de amistades, compañeros o personas significativas
- Informar de forma honesta y ajustada, reduciendo miedos, confusión o rumores, y adaptando la información al nivel de comprensión y al impacto emocional.
- Ritualizar despedidas accesibles y compartidas, como homenajes, murales, actos conmemorativos, minutos de silencio o ceremonias adaptadas en centros, escuelas o espacios comunitarios.
- Crear espacios seguros para hablar de la pérdida, compartir recuerdos y expresar cómo afecta a cada persona, respetando distintos ritmos y formas de participación.
- Fomentar la cohesión del grupo, reforzando el sentido de pertenencia y el apoyo mutuo tras la pérdida.
Duelo en personas con grandes necesidades de apoyo
En personas con grandes necesidades de apoyo, el duelo puede manifestarse principalmente a través del cuerpo y la conducta:
- Reconocimiento de la persona fallecida a través de estímulos sensoriales (tacto, olor, voz, temperatura).
- Vivencia intensa de la ausencia repentina, sin comprensión cognitiva de la muerte.
- Aumento de agitación, estereotipias, conductas autolesivas o heterolesivas.
- Cambios en alimentación, sueño y regulación emocional.
- Mayor necesidad de contacto físico y seguridad.
- Síntomas psicosomáticos y búsqueda reiterada del ser querido.
Actuaciones de apoyo
- Mantener rutinas estables, entornos predecibles y figuras de referencia.
- Observar y registrar cambios conductuales y emocionales como formas de comunicación del duelo.
- Utilizar apoyos visuales, sensoriales o táctiles para anticipar y explicar la ausencia.
- Ofrecer presencia, contacto físico y proximidad emocional de forma respetuosa.
- Flexibilizar temporalmente los objetivos o programas de intervención conductual.
- Retirar de manera progresiva y acompañada los objetos del fallecido, respetando los tiempos emocionales.
Claves transversales
- Evitar suposiciones sobre la capacidad de comprender o sentir la pérdida.
- Ajustar los apoyos al tipo de discapacidad, al momento vital y a la historia personal.
- Respetar el derecho a participar, decidir y expresar el duelo.
- Reconocer que el duelo puede reaparecer ante cambios, aniversarios o nuevas pérdidas.