El control de crisis constituye el conjunto de actuaciones reactivas que se ponen en marcha cuando, a pesar de las medidas preventivas y educativas, la conducta alcanza un nivel de intensidad que compromete la seguridad y el bienestar de la persona o de quienes la rodean. Desde el Apoyo Conductual Positivo, el control de crisis no busca corregir, castigar ni suprimir la conducta, sino proteger, contener de manera ética y favorecer la desescalada emocional, garantizando siempre la dignidad, los derechos y la integridad de la persona.
El ACP concibe las crisis como un fenómeno temporal asociado a una pérdida de capacidad de autorregulación, nunca como una decisión voluntaria de desobediencia o desafío. Por ello, las actuaciones deben centrarse en ofrecer apoyo emocional y ambiental, reduciendo estímulos, evitando escaladas y permitiendo a la persona recuperar el control sin daños físicos o emocionales.
Una crisis es un episodio en el que la persona experimenta una desregulación emocional y fisiológica intensa, perdiendo temporalmente la capacidad de gestionar estímulos, procesar información o actuar de manera adaptativa.
En este estado, el riesgo de daño aumenta significativamente.
Ejemplos habituales:
Las crisis no ocurren de forma repentina: suelen estar precedidas por señales tempranas que permiten intervenir antes de que la respuesta alcance un punto crítico.
Toda intervención debe respetar una serie de principios fundamentales del ACP y del enfoque humanista:
El manejo de crisis se basa en reconocer las fases del ciclo de desregulación. Cada fase requiere intervenciones específicas.
La persona muestra signos de malestar creciente: inquietud, cambios en la postura, respiración acelerada, tono elevado, movimientos repetitivos, caminar rápido, evitación de contacto visual.
Qué hacer (desescalar):
La intensidad aumenta: negación de instrucciones, gritos, oposición, gestos bruscos, irritabilidad marcada.
Qué hacer:
Aparece conducta peligrosa o descontrolada: agresiones, autolesiones, destrucción, huida desorganizada.
Qué hacer:
No pedir explicaciones.
No razonar.
Solo proteger.
Comienza la bajada emocional: respiración más lenta, agotamiento, llanto, mirada baja.
Qué hacer:
La persona vuelve a un estado basal: mayor atención, lenguaje más claro, disposición a colaborar.
Qué hacer:
Todo recurso residencial debe contar con un protocolo formal que incluya:
Cuando se considera que una situación requiere aplicación del protocolo (grado de intensidad, riesgo, señales previas).
Técnicas de desescalada, comunicación calmada, retirada de estímulos, orientación espacial, acompañamiento físico mínimo.
Registro detallado de la crisis:
Sesiones de equipo para analizar fallos, proteger la estabilidad emocional de los profesionales y mejorar la prevención.
Las medidas de contención son una de las intervenciones más delicadas, con mayor impacto físico, emocional, ético y jurídico sobre la persona. Por ello, el Apoyo Conductual Positivo las considera un último y excepcional recurso, solo justificable si existe un riesgo cierto, grave e inminente para la integridad de la persona o de terceros, y siempre dentro de estrictas garantías legales.
La Instrucción 1/2022 de la Fiscalía General del Estado refuerza esta perspectiva: las contenciones deben utilizarse con "cautela y excepcionalidad", y únicamente cuando lo indique una valoración individual basada en una necesidad clínica y de seguridad.
La Instrucción establece principios claros:
La Instrucción define como medios de contención mecánicos aquellos que limitan la libertad de movimientos mediante sujeciones aplicadas al cuerpo o junto a él, de las que la persona no puede liberarse fácilmente. Incluye cinturones, muñequeras, barandillas usadas como sujeción, dispositivos de inmovilización, etc.
También regula las contenciones farmacológicas cuando se aplican con finalidad de control conductual y no estrictamente terapéutica.
El uso de contenciones constituye una restricción de derechos fundamentales, y por ello debe regirse por los principios constitucionales de necesidad, proporcionalidad y respeto a la dignidad.
La instrucción coincide plenamente con los principios del ACP, que también se fundamenta en los derechos recogidos en la Convención de la ONU sobre Discapacidad.
Los elementos éticos clave son:
La instrucción exige un marco muy estricto:
El ACP establece que:
"Una contención indica que el entorno no ha conseguido prevenir, enseñar habilidades o proporcionar apoyos adecuados."
Por tanto, después de cada contención deben revisarse:
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