
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han transformado el trabajo físico en inmaterial, permitiendo la flexibilidad laboral pero creando el riesgo de un escenario inestable donde la persona trabajadora está siempre activa.
Antes, trabajar exigía estar físicamente en un lugar (fábrica, oficina) y en un horario estricto. Hoy, gracias a los ordenadores, portátiles y smartphones, podemos trabajar desde cualquier parte y gestionar mejor nuestro tiempo.
Pero este gran avance tiene una trampa: la línea que separa la vida laboral de la personal se ha vuelto invisible. Como la oficina ahora cabe en el bolsillo, ha nacido el "trabajador siempre activo": personas que sienten la presión invisible de estar disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
Carlos termina su turno a las 17:00. A las 20:30, mientras baña a sus hijos o cena, escucha el "bip" del correo corporativo en su móvil.
Aunque nadie le ha dicho que responda ya, Carlos siente un pellizco de ansiedad, abre el correo y se pone a pensar en el trabajo de mañana, interrumpiendo su descanso.
Marta es la directora de un departamento.
El domingo por la tarde se acuerda de un informe urgente y, para que no se le olvide, envía un WhatsApp al grupo del equipo: "Chicos, revisad esto para mañana a primera hora".
Marta piensa que solo está "adelantando trabajo", pero acaba de arruinarle el domingo de descanso a las 10 personas de su equipo, quienes se sienten obligadas a contestar por respeto a la jefa.

El uso inadecuado de las TIC en el entorno laboral y el teletrabajo genera riesgos psicosociales y problemas físicos y mentales tales como el tecnoestrés, la adicción tecnológica y el síndrome de burnout.
En este sentido, es interesante la lectura de la Norma Técnica de Prevención 1122 y la Norma Técnica de Prevención 1123 del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo.
La tecnología en sí misma es neutra: ni es buena ni es mala. Bien utilizada, nos da libertad, eficacia y nos ayuda a conciliar. El problema surge cuando hacemos un mal uso de ella; es ahí cuando aparecen los riesgos psicosociales.
¿Qué es un riesgo psicosocial?
Son aquellas situaciones laborales provocadas por una mala organización del trabajo (malos horarios, exceso de tareas, interrupciones constantes) que terminan dañando la salud física y mental del trabajador.
Para entender cómo nos afecta la falta de desconexión según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, dividamos los riesgos en tres grandes grupos.
Javier trabaja desde casa tres días a la semana.
Como tiene el correo corporativo abierto en su ordenador personal, trabaja mientras come, responde mensajes al instante para que su jefe vea que "está activo" y sufre interrupciones constantes.
Al final de la semana, Javier tiene dolores de espalda por no usar una silla adecuada, padece insomnio y siente que su jornada laboral no termina nunca.
Elena coordina un equipo técnico y monitoriza sus objetivos de manera constante y desproporcionada.
Cuando surge una tarea imprevista, la asigna de inmediato por el chat grupal, interrumpiendo lo que están haciendo.
Elena no se da cuenta de que su nivel de exigencia está provocando "tecnoestrés" en su equipo: la gente comete más errores debido a las prisas y el ambiente se ha vuelto tenso y distante.

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