Esta política debe basarse en el cumplimiento de la normativa vigente y, en su caso, del convenio colectivo aplicable. Para su aplicación práctica, es recomendable desarrollar un protocolo o procedimiento específico de desconexión digital. Dicho protocolo debe recoger las reglas de actuación en esta materia y asegurar su correcta aplicación en todos los niveles de la organización. Dado que no existe una estructura obligatoria definida, se propone a continuación un modelo orientativo con los elementos básicos comunes, que puede servir de guía para que cada organización elabore su propio procedimiento:
Con independencia de cómo se organice internamente su diseño, desarrollo e implantación (ya sea mediante equipos internos o con apoyo de entidades externas), es necesario garantizar la consulta a las personas trabajadoras o a sus representantes antes de su aprobación. Esto permite incorporar distintos puntos de vista y mejorar el contenido final de la política.
La normativa y la negociación colectiva subrayan la importancia de concretar este derecho mediante acuerdos en el ámbito de cada empresa, lo que ha llevado a que cada vez más convenios colectivos lo regulen con mayor o menor detalle. En todo caso, debe asegurarse una participación efectiva a través de los mecanismos habituales de representación.
Una forma de aplicar este principio es la creación de un grupo de trabajo o comité en el que participen personas trabajadoras o sus representantes. Este órgano puede tener una duración adaptada a las necesidades de la empresa y, si procede, integrarse en estructuras ya existentes, como el comité de seguridad y salud.
Este grupo no solo puede participar en el diseño e implantación de la política, sino también hacer su seguimiento, evaluar su eficacia y proponer mejoras o ajustes cuando sea necesario.
Cada organización debe adaptar la política y el protocolo de desconexión digital a su realidad concreta. Esto implica tener en cuenta su actividad, la estructura organizativa, los puestos de trabajo, los centros de trabajo, el nivel de digitalización y si la empresa opera en un entorno nacional o internacional.
No todas las organizaciones tienen el mismo grado de implantación de herramientas digitales, por lo que las medidas deben ajustarse a su nivel de madurez tecnológica para que la desconexión digital sea efectiva y realista en cada caso.
Antes de elaborar el protocolo, es necesario revisar lo que establezca el convenio colectivo aplicable, si lo hubiera.
También resulta importante analizar aspectos básicos de la organización del trabajo, como el tipo de modalidad (presencial, teletrabajo o híbrida), las condiciones de contratación, el calendario laboral, el registro de jornada, los tipos de jornada (ordinaria, flexible, a turnos o nocturna), las horas extraordinarias y los dispositivos digitales disponibles para la plantilla.
Igualmente, debe analizarse la composición de la plantilla, teniendo en cuenta factores como la estabilidad del empleo, la temporalidad, la rotación, las reducciones de jornada, la distribución por edades o los niveles de formación.
En este proceso, la participación de los departamentos de recursos humanos es clave. Es recomendable realizar un diagnóstico previo sobre el uso real de las herramientas digitales y sobre las condiciones de trabajo que puedan favorecer la hiperconexión y dificultar la desconexión digital. Este análisis permite planificar una implantación progresiva y flexible, evitando cambios bruscos o resistencias.
Para realizar este diagnóstico se pueden utilizar diferentes fuentes de información:
La situación: Javier trabaja en el almacén de una empresa logística. Se entera de que la dirección ha contratado a una consultora externa para redactar el Protocolo de Desconexión Digital de la empresa. A Javier le preocupa que la consultora solo piense en la gente que trabaja en las oficinas con ordenadores y se olvide de los repartidores y mozos que usan PDAs y pantallas de guiado.
La solución correcta: La ley protege a Javier. Aunque la empresa externalice el trabajo, antes de aprobar el protocolo tiene la obligación legal de enseñárselo a los representantes de los trabajadores (comité de empresa). Los representantes revisarán el borrador y exigirán que se incluyan las herramientas específicas del almacén (como las PDAs), asegurando que los puntos de vista de toda la plantilla estén reflejados.
La situación: Sofía es la nueva Directora de Operaciones de una empresa que acaba de absorber a otra firma tecnológica internacional. Quiere implantar el protocolo de desconexión de inmediato enviando una circular masiva. El equipo de Recursos Humanos le frena el envío.
La solución correcta: Recursos Humanos tiene razón. Sofía no puede lanzar un protocolo sin un diagnóstico de situación previo. Al ser ahora una empresa internacionalizada e híbrida, primero deben analizar: ¿Hay equipos en diferentes zonas horarias? ¿Hay turnos de noche? ¿Qué nivel de madurez digital tiene el nuevo personal? Hacer un diagnóstico previo evitará que la norma fracase por ser un cambio demasiado brusco o irreal para el negocio.

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