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Esta píldora formativa está extraída del Curso online de Burnout en las Organizaciones

El burnout se va instaurando poco a poco en la vida del trabajador. No es algo que suceda de repente, sino que muchas veces, sin darse cuenta, el trabajo va acumulando los factores de riesgo que hemos comentando.

Cada persona es única,  pero la evolución dentro del proceso es general. El trabajador va pasando por diversas etapas. En ocasiones, solo atraviesa las primeras, ya que es capaz de corregir o prevenir los riesgos y volver a mejorar su situación, superando el desgaste profesional, lo que le permite no pasar de consecuencias leves.

Pero, desgraciadamente, no siempre es así, ya que en otros casos, el trabajador sí que sufre el síndrome de estar quemado por el trabajo en toda su crudeza, atravesando todas las fases con mayor o menor rapidez, llegando a su punto más álgido y destructivo.

Para tener una idea más clara sobre todo esto, vamos a exponer la división en cuatro fases, que Edelwich y Brodsky realizaron:

1. Fase inicial: entusiasmo

Nos encontramos en el comienzo, momento en el cual el trabajador está encantado con su labor, le satisface completamente lo que hace y se siente pletórico, lleno de energía para acometerlo.

La organización es perfecta y los compañeros ideales, junto con los cuales está dispuesto a asumir cualquier reto, ya que tiene la sensación de que es capaz de todo.

Piensa que ese trabajo completará sus necesidades profesionales y personales, algo así como situarse en una luna de miel donde aparentemente todo es perfecto.

2. Fase de estancamiento

Como se suele decir coloquialmente, “La luna de miel dura menos de lo deseado”, y, por lo tanto, esa perfección en todos los ámbitos que teníamos anteriormente empieza a desaparecer, puesto que el trabajador comienza a darse cuenta de que lo que pensaba en la primera fase no es tan bonito como parecía.

Se encuentra con que su superior le exige más de lo debido, que la organización le aporta menos recursos de los necesarios para hacer su trabajo, y que entre los compañeros no todo es colaboración, sino que también hay rasgos de competición destructiva.

Las necesidades profesionales y personales no se cubren tal y como esperaba, los clientes, usuario, pacientes, alumnos, etc. plantean más problemas de los deseados, y, en definitiva, que esta sí que es la realidad, y es necesario asumirlo.

Si el trabajador es capaz de darse cuenta de todo esto, siendo consciente de las contras de ese trabajo y, aun así, sigue luchando para poder prevenir riesgos en la medida de sus posibilidades, puede que consiga mantenerse en esa fase durante mucho tiempo; algo realmente positivo.

Pero hay un problema: por regla general, esto es simplemente el comienzo de la parte no tan positiva en un proceso de burnout, lo que derivará en una situación cada vez más insostenible, a medida que va atravesando fases.

3. Fase de frustración

Lejos queda el entusiasmo sin límites, la energía desenfrenada, la satisfacción en todos los frentes, o la convicción de que todas las necesidades eran cubiertas por el trabajo.

Hubo un momento en el que todo fue perfecto, pero en este instante, ese recuerdo es lejano y se ha tornado en apatía, fatiga e irritabilidad, en relación con el trabajo.

En esta tercera fase el trabajador comienza a tener una sensación cada vez mayor de frustración, desilusión y desmoralización, entrando en una dinámica continua de conflictos.

La repercusión es también negativa y destructiva a nivel psicofisiológico, ya que genera tensiones y problemas para conciliar el sueño, desinterés por mantener una alimentación correcta, cesación en lo realización de actividades deportivas, y comienzo en el consumo de sustancias adictivas como alcohol, tabaco, etc.

En poco tiempo, se empezarán a notar los resultados de estos cambios con problemas emocionales y conductuales, reduciéndose drásticamente el nivel de desempeño del trabajador, el aumento de la indecisión, minimizando la calidad y cantidad de trabajo ya que la productividad se ve seriamente mermada.

Pese a que en el trabajo todo el mundo se da cuenta de la situación, en muchas ocasiones se suele tapar, esgrimiendo un mal momento para esa persona, pero cada vez es más difícil que eso se mantenga, ya que las tensiones son cada vez mayores, al igual que las criticas y problemas en general, llegando a aparecer síntomas claros de ansiedad, depresión o somatizaciones, aumentando poco a poco el consumo de sustancias adictivas, legales e ilegales.

4. Fase de apatía

Se repiten y amplían los factores que se daban en la fase anterior, incluyendo la tendencia a tratar a los usuarios, pacientes o clientes de una forma distanciada y mecánica, casi como si fueran objetos, evitando funciones que puedan generar estrés, negándose o escaqueándose.

Se trata de un aumento y mantenimiento en el tiempo de la frustración, irritabilidad, desinterés y desesperanza, que se ha instalado de forma permanente en la persona.

El fracaso es la nota predominante, lo que le llevará a la reducción de autoestima y pérdida de confianza en sí mismo.

El tiempo que transcurre hasta llegar a esta situación varía dependiendo de las condiciones generales y de la persona en particular, pudiendo darse en pocos meses o gestarse durante años.

La media suele ser entre dos y cuatro años.

Se confirma que en muchas ocasiones entra en un periodo largo de depresión, física y mentalmente se encuentra hundido, piensa que no sirve para nada, y la opción de abandonar su trabajo es la que considera más viable.

No es extraño que se lleguen a dar infartos e intentos de suicidio, ya que la desesperación del trabajador es límite.

A grandes rasgos, estas son las cuatro etapas que atraviesa una persona que sufre el síndrome de estar quemado por el trabajo, en las que hemos visto la evolución que atraviesa una persona, lo que nos permite poder identificar en qué fase se encuentra un trabajador, con la intención de prevenir y evitar que pase a la siguiente y destructiva fase.

 

Esta píldora formativa está extraída del Curso online de Burnout en las Organizaciones.

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