Knowledge center Administración pública Habilidades en la Administración pública

Se calcula que entre un 60 % y un 75 % de las quejas están relacionadas directamente con la mala comunicación entre el ciudadano y el personal de la administración, por lo tanto, tenemos un punto de partida muy interesante e importante para minimizar este dato y conseguir mayor satisfacción por parte de todos. También deduciremos que el número de quejas provenientes de problemas y conflictos, como los que hemos aprendido con anterioridad, es muy elevado.

Para ello es básico saber o aprender a distinguir quejas fundadas, es decir, que tienen un origen razonable, de las quejas infundadas, cuya credibilidad es dudosa en relación con los ciudadanos. En todo momento el conocimiento, control y aplicación de las habilidades sociales es muy recomendable, pero al hablar de problemas y quejas, mucho más.

¿Qué se puede hacer ante las quejas?

Respuesta evolutiva

Lo primero que hemos de hacer en cualquier caso es escuchar de forma activa desde el principio. Esto nos permitirá conocer adecuadamente las características del ciudadano, ofreciéndonos la oportunidad de aclarar dudas, ver sus emociones, reacciones, visiones generales, etc.

Todo esto se conoce como respuesta evolutiva, y se basa en el interés que el profesional tiene por las opiniones, intereses y pensamientos del ciudadano, dando posibilidad a que éste pueda tener razón en sus planteamientos y quejas.

Negociación

En muchos de estos casos aparece la figura de la negociación, que principalmente se basa en el intercambio respetuoso de opiniones, desde la flexibilidad, pudiendo convencer o ser convencido. Si queremos que la negociación sea efectiva, es conveniente:

  • Que el ciudadano tenga la información y todo lo que requiera de forma adecuada y proporcionado normalmente por el personal de la administración, para que pueda tomar decisiones acertadas.
  • Es muy importante la flexibilidad por ambas partes. Si una de ellas no está dispuesta a ceder un poco, no hay nada que hacer. Están ahí para resolver los problemas de forma conjunta, no individual.
  • En última instancia, el ciudadano es dueño de su elección, por lo que decidirá qué es lo que más le conviene.

Para que todo el proceso se desarrolle de la mejor manera posible, es necesario que la información recopilada sea destacable, y no caiga en saco roto. Para ello vamos a indicar a continuación algunas preguntas que podemos hacer al ciudadano.

¿Qué cree que está pasando?
¿Por qué cree que pasa esto?
¿Cuáles son sus preocupaciones exactamente?
De todo lo que hemos hablado, ¿hay algo en lo que no esté conforme? Puede hablar con total confianza.
¿La información que le he aportado es suficiente o quiere más?
Según usted, ¿qué deberíamos hacer para solucionar el problema?
¿Qué le gustaría que hiciéramos para que se sintiese mejor?
¿Está conforme con lo que estamos hablando o tiene algo más que decir?

Éstas son solo algunas de las preguntas que se pueden hacer a un ciudadano que se está quejando, y con el que se puede hablar. Por el contrario, con un ciudadano agresivo u hostil es mejor no razonar, por lo que nos limitaremos a escuchar.

Las quejas y el teléfono

En ciertos momentos la atención de las quejas del ciudadano se produce vía telefónica, lo que supone un procedimiento específico que a continuación exponemos. Actuaciones a llevar a cabo:

La queja no es algo personal contra nosotros, no lo tomemos como tal.
Intentar captar las ideas más importantes que nuestro interlocutor quiere transmitir, sin juzgar lo que nos diga.
Si hablamos en voz baja, obligamos al otro a hablar también en voz baja o callarse para poder escucharnos.
Lo mejor es la escucha activa. Hay que dejar al ciudadano hablar todo lo que quiera.
Controlar la respiración, e intentar tranquilizar con ejercicios de toma y expulsión relajada de aire.
Si la situación lo permite, ofrecer nuestro entendimiento en relación con el problema.
Identificarnos correctamente, ya que quizás nosotros no seamos la persona con la que el ciudadano tiene que comunicar su queja.
Rechazar menosprecios o insultos. Estamos ahí para escuchar desde el respeto y, con unas reglas mínimas de educación, indicarle que si eso no se mantiene finalizaremos la conversación.
Intentaremos hacernos una idea global de la situación para posteriormente ofrecer soluciones y ayuda al demandante, mediante respuestas claras y sencillas.

Como vemos, siguiendo estas pautas, la atención telefónica de las quejas de un ciudadano será más adecuada y seguro que conseguimos los objetivos de todas las partes, algo que ha de ser nuestra intención principal.

Para finalizar este punto relacionado con las quejas, nos gustaría hacer una especie de resumen con los puntos básicos y las recomendaciones más importantes que es conveniente conocer y aplicar en situaciones similares.

Comunicar claramente al ciudadano cuál es nuestro rol, y qué podemos y no podemos hacer.
Apuntaremos lo que nos indican, aclarando puntos si es preciso, para que no quede ninguna duda posterior sobre malentendidos.
Hemos de hablar de forma tranquila, sin presión, desde la empatía, la escucha activa, la comprensión y aceptación de lo que nos transmiten.
La objetividad es prácticamente imposible, pero hemos de buscarla, procurando ser imparciales, abiertos y flexibles.
Involucrarse emocionalmente a veces es inevitable, pero no es nada recomendable. Vamos a procurar que no suceda.
Hemos de evitar la discusión. Somos profesionales y ese es nuestro trabajo. Vamos a intentar tener paciencia y no contrariar al ciudadano.

Como vemos, son algunos consejos sobre cómo actuar ante las quejas que, aplicados de forma adecuada, nos ayudarán a que el proceso se lleve de una forma más correcta para todos.

Este problema me hace: Puntuación Sentir sumamente mal. 6 Sentir muy mal. 5 Sentir bastante mal. 4 Sentir ligeramente mal. 3 Sentir poco mal. 2 No me afecta. 1

Esta tabla nos ayudará a determinar si el problema es realmente importante o simplemente no nos influye nada, aunque hay que tener en cuenta que problemas que inicialmente se consideran leves, si no son solucionados a tiempo, pueden crecer y descontrolar la situación.

Concretar las características del problema

Seguiremos recopilando información sobre el problema. Para ello nos centraremos en dos tipos de preguntas.

Componentes de la situación problemática

Para conocer los componentes de la situación problemática.

  • ¿Dónde tiene lugar el problema que estamos tratando?
  • ¿Cuántas veces se produce? ¿Cuál es su frecuencia?
  • ¿Cuándo sucede exactamente: al cabo de unas horas, unos días, unas semanas, etc.?
  • ¿Quiénes están implicados en el problema, tanto de forma directa como indirecta?
  • ¿Qué es lo que personalmente me molesta de esas personas: sus acciones, comentarios, ideas, etc.?
  • ¿Qué descripción específica haría de lo que está pasando?
  • ¿Por qué está pasando esto?

Componentes de la respuesta problemática

Para conocer los componentes de la respuesta problemática.

  • Frente a esta situación ¿Qué estoy haciendo yo: me implico, lo evito, coopero, etc.?
  • ¿Qué pasa por mi cabeza frente al problema, antes, durante y después?
  • ¿Qué siento ante el problema, antes durante y después?
  • ¿Dónde voy a exponer mis ideas y pensamientos ante el problema?
  • ¿Cuáles son las razones que me llevan a relacionarme con el problema de una determinada forma?

Como vemos, respondiendo a las cuestiones anteriores, iremos concretando y conociendo más a fondo la situación en la que nos encontramos y por qué hemos llegado ahí. Es recomendable que en este caso lo asociemos a problemas que tenemos en relación a la atención al ciudadano y que se repiten de forma cíclica.

Exponer cuáles son los objetivos para considerar que la situación problemática ya no existe

Una vez que conocemos pormenorizadamente y hemos descrito el problema y todo lo que lo rodea, es el momento de saber cuáles serían los objetivos a alcanzar. Podemos exponer tanto primarios (muy importantes, esenciales) como secundarios (menos importantes, prescindibles), para que ese problema llegue a desaparecer. De esta forma empezamos a definir a dónde queremos llegar, trazando poco a poco el camino adecuado.

Volver a definir el problema

Después de definir el problema en un primer momento, contestar a las preguntas que hemos planteado, especificar los objetivos a los que queremos llegar partiendo de esa situación, se nos plantea ahora la idea de volver a definir el problema que existe, pero quizás desde una visión completamente diferente. Pensaremos si es posible alcanzar las metas que nos hemos propuesto utilizando las estrategias que hasta ese momento se han llevado a cabo, o quizás con una nueva visión de todo podamos solucionar el problema e incluso mejorar la situación anterior. De esta forma y después de recopilar información, analizarla, aclarar dudas, exponer objetivos y estrategias y hacer otra serie de labores, podemos saber si el problema esencial que indicamos al principio sigue siendo el mismo, o realmente es otro.

Soluciones

Tras la redefinición del problema que hemos llevado a cabo en el punto anterior, hay que pensar en qué debemos hacer para alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Teniendo en cuenta que podemos haber definido objetivos primarios y secundarios, hay que plantear varias soluciones para cada uno de los problemas y realizar en cada caso una tormenta de ideas para conocer las opciones que están a nuestro alcance.

Valorar las opciones

Si ya tenemos un listado con diversos objetivos y varias soluciones para conseguir cada objetivo, es el momento de valorar esas opciones, teniendo en cuenta los obstáculos que nos podemos encontrar. La escala sería:

Este obstáculo es: Puntuación
Extremadamente difícil de salvar. 6
Muy difícil de salvar. 5
Bastante difícil de salvar. 4
Ligeramente difícil de salvar. 3
Muy poco difícil de salvar. 2
No me cuesta nada salvarlo. 1

A continuación vamos a exponer otras dos escalas directamente relacionadas con las soluciones propuestas, donde valoraremos las consecuencias tanto positivas como negativas que podemos encontrar.

Consecuencias positivas

Primero vamos a valorar las consecuencias positivas en relación con las personas implicadas, los recursos, el tiempo estimado para llegar al final, etc.

Esta consecuencia es: Puntuación
Sumamente positiva. 6
Muy positiva. 5
Bastante positiva. 4
Ligeramente positiva. 3
Escasamente positiva. 2
Muy poco positiva. 1

Consecuencias negativas

Del mismo modo, a continuación vamos a valorar las consecuencias negativas en relación con las personas implicadas, los recursos, el tiempo estimado para llegar al final, etc.

Esta consecuencia es: Puntuación
Sumamente negativa. 6
Muy negativa. 5
Bastante negativa. 4
Ligeramente negativa. 3
Escasamente negativa. 2
Muy poco negativa. 1

Tabla de valoración

Una vez que hemos sumado todos los puntos de cada solución, procederemos a restar los puntos negativos a los positivos, exponiendo el resultado en una tabla de valoración de soluciones similar a la que indicamos a continuación.

Solución uno Obstáculos. Puntos Consecuencias positivas. Puntos Consecuencias negativas. Puntos
Solución dos Obstáculos. Puntos Consecuencias positivas. Puntos Consecuencias negativas. Puntos

La mejor solución

Con todos los datos que hemos recopilado y expuesto anteriormente, hemos de elegir las mejores soluciones, que encontraremos completando los siguientes pasos:

Realizar un listado con todas las soluciones que hemos valorado.
Indicar a la derecha de cada solución los puntos totales de los obstáculos y las consecuencias (restar a las positivas las negativas).
Valorar que mientras unos obstáculos pueden ser complicados de solventar, otros son casi imposibles que se presenten.
Entre todo lo que tenemos, seleccionar las dos soluciones que a nuestro juicio nos acerquen más a los objetivos propuestos.

Vemos que poco a poco vamos concretando y avanzando hacia nuestras metas. Hay que ser constante en el camino.

La planificación

La importancia de concretar todo lo anterior en planes específicos y estrategias bien definidos nos ayudará a solucionar el conflicto más rápidamente y de una forma satisfactoria. Sabiendo las posibles soluciones hemos de tener en cuenta otra serie de factores que descubriremos con preguntas de dos tipos:

Factores situacionales

  • ¿Cuál consideramos que puede ser el lugar más adecuado para llevar a cabo la solución?
  • ¿Cuáles podrían ser, por orden, otros posibles lugares adecuados? Refléjalos en un listado.
  • ¿Cuándo se puede considerar que es el momento preciso para aplicar la solución?
  • Si hay más opciones ¿Cuáles podrían ser otros momentos adecuados para aplicar la solución?

Componentes de la respuesta

  • ¿Cómo realizo mi presentación, qué hago?
  • ¿Cómo debería exponer mi respuesta?
  • ¿Qué debo decir y hacer exactamente?
  • ¿Qué aptitud es la más adecuada y por lo tanto he de asumir?

Ya tenemos las respuestas a estas preguntas que nos ayudarán de forma evidente en la consecución del último paso que veremos a continuación.

Evaluación del problema y sus soluciones

Estamos a punto de poner en marcha el plan que hemos elaborado para solucionar el problema, pero antes nos gustaría realizar una nueva reflexión sobre el tema, ya que seguramente no tendremos la misma visión que al principio. Hemos de recordar que si la primera solución no alcanza los objetivos, tenemos más posibilidades, y que vamos a intentar aprender continuamente.

Problemas y respuestas creativas

En el presente apartado vamos a exponer una serie de recomendaciones que nos permitan ver un conflicto y un problema como la oportunidad de mejora continua que necesita cualquier administración pública. Vamos allá.

Reacción o respuesta

Cuando somos conscientes de que nos encontramos ante un problema tenemos dos opciones.

Por una parte podemos reaccionar, normalmente de manera instintiva, con la sensación de que no se puede dominar la conducta que nos invade y que siempre hemos aplicado en situaciones similares. Por ejemplo, llorar cuando vemos a alguien llorar, elevar la voz a un ciudadano que está gritando, etc.

Por otra parte tenemos la opción de responder, que se acerca más a la idea de reflexión, que nos lleva a pensar fríamente que somos nosotros los que dominamos la situación y no viceversa, como ocurre con la reacción. Frente a un ciudadano que está desorientado, debemos apoyarle y recordarle que le vamos a ayudar, etc. Ante un ciudadano que eleva la voz, hablaremos con voz tranquila, pausada y a un tono normal, intentando dominar la situación.

Situación real

Una vez que se ha producido el problema ya no hay vuelta de hoja. Debemos asumir que estamos ante una determinada situación. La aceptación del problema de forma rápida ayuda a afrontarlo en el menor tiempo posible, algo clave en muchos conflictos.

Mejora continua

En cualquier problema, conflicto o situación en general hemos de convencernos de que siempre se puede aprender algo nuevo.

Si pensamos en el problema que ha surgido podemos recrear en nuestra imaginación cómo nos gustaría que fuera esa situación en el futuro. No intentamos olvidar los problemas, sino ver de qué nos pueden servir más adelante. Utilizaremos la creatividad para encontrar, en un aspecto teóricamente negativo, puntos que se transforman en positivos. Hemos de pensar que ante un problema podemos ganar o perder, pero siempre hay que intentar aprender y extraer algo positivo.

Pensando en la oportunidad

Un problema, varias oportunidades. Esa es la idea que hemos de inculcarnos a nosotros mismos cuando aparece un conflicto. El pensamiento positivo es muy útil en todo momento, pero principalmente cuando hay que afrontar dificultades, ya que es un recurso muy valioso para que todo mejore.

Pensar en positivo no significa olvidarnos del problema o minimizarlo, lo que intentamos es asumirlo desde una perspectiva nueva, creativa y optimista, de aprendizaje. Para afrontar este reto necesitamos todas nuestras energías, potenciar la escucha activa, la empatía, la comprensión, la reflexión y las habilidades sociales que provoquen la expansión de ese positivismo a la gente que nos rodea.

Por lo tanto, vamos a luchar por ver cada problema con una oportunidad para ser mejores.

  • Promover el autocontrol en cada uno de nosotros, en relación con los sentimientos, emociones o pensamientos que generamos.
  • Tratando de centrar nuestra energía y esfuerzo en un objetivo, que no ha de ser otro que la solución del problema. Evitemos personalizar el conflicto o aumentar la tensión, pensemos en cómo solucionar el problema.
  • Adelantarnos mentalmente a las respuestas u opiniones que puede emitir el ciudadano, siendo conscientes de lo que puede generar en nosotros. Se trata de prevenir situaciones no deseadas.

El ciudadano puede dirigir sus quejas utilizando diversas actitudes, reproches, transferencia, autoinculpación o asertividad. Vamos a desarrollarlas levemente.

Asumir la culpa

Se trata de que el trabajador o la administración correspondiente, asuman la responsabilidad de que algo ha salido mal, donde el ciudadano es el afectado. Es un punto de partida para solucionarlo, y además el ciudadano valorará que alguien admita que se equivocó.

A partir de este punto, y después de pedir disculpas, el centro de atención ha de redirigirse al problema que la situación ha supuesto, ya que el ciudadano finalmente se quedará con la percepción de que le han ayudado y que todo ha finalizado correctamente. Por lo tanto, de una situación teóricamente negativa, podemos llegar a conseguir réditos positivos.

Transferencia

Esta situación se da cuando la responsabilidad principal de lo que está pasando se traslada a elementos que no son controlables ni por el ciudadano ni por el trabajador, como pueden ser fallos de terceras personas, normas dudosas, etc.

Ante esto, lo normal son respuestas evasivas y no asunción de una responsabilidad que al trabajador no le corresponde. Pero el ciudadano sigue sin encontrar soluciones y eso hace que genere más tensión. Considera que la organización a la que se dirige no funciona correctamente, ya que, independientemente de quién o qué se puede responsabilizar del problema, nadie le ayuda a solucionarlo. Tiene una sensación de pasividad por parte de la administración a la hora de asumir responsabilidades.

Asertividad

Se asume que hay un problema y que todo gira alrededor de su solución. Nosotros como profesionales ofrecemos al ciudadano lo que consideramos que es más adecuado en ese caso, colaborando en todo lo que podamos, y buscando en todo momento la satisfacción del usuario.

Se intenta evitar la búsqueda de culpables, responsables o elementos que puedan distorsionar el objetivo principal, que es solucionar el problema.

Reproche

En este caso se considera que el responsable es el ciudadano, y se le hace saber. Esto no suele ser bien recibido, dango lugar a tensiones y conflictos.

Se trata también de evadir la responsabilidad de la administración, cargándosela al ciudadano. Todo esto generará en el usuario frustración, que es el preludio al conflicto o a aumentar el grado de crispación, ya que el ciudadano no solamente siente que no le ayudan a solucionar el problema, sino que, además, le hacen responsable del mismo.

El profesional de la atención al ciudadano ha de centrarse siempre en el problema o queja concreta, intentando ayudar al ciudadano por sí mismo, o redirigiéndole al lugar donde pueden ayudarle de forma más efectiva.

Frases adecuadas e inadecuadas en la atención al ciudadano

Frases adecuadas Frases inadecuadas
Parece ser que no he sido capaz de explicarme correctamente. No me entiende.
Considero que parte de lo que dice no es del todo acertado. Lo que usted dice es una locura, un disparate.
Si nos fijamos en la exposición y la analizamos, veremos que... Le digo que...
Es muy recomendable que para la próxima vez dispongamos de todos los datos que se requieren. Necesito los datos completos.
Comprendo perfectamente lo que usted quiere, pero sinceramente no sé si va a ser posible. Eso es imposible.
Le atenderé en cuanto tenga un momento. Ahora no puedo atenderle.
¿En qué puedo servirle? ¿Qué quiere?
 

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